La opinión de… Rodrigo Nené, de VenuesIn

1 de octubre de 2026 Publicado por Briefing Ver el artículo original

De los grandes escenarios a los grandes desafíos: ¿está Portugal preparado para jugar a lo grande?

Hay momentos en los que un evento deja de ser simplemente un acontecimiento y pasa a representar mucho más que lo que sucede sobre el escenario. Se convierte en una oportunidad para que un país demuestre su capacidad de organización, la calidad de sus infraestructuras, la competencia de sus profesionales y su capacidad para crear experiencias capaces de dejar huella en quienes participan. Detrás de cada gran evento existe una operación compleja, basada en la planificación, la tecnología, la logística, la coordinación y la capacidad de respuesta, que rara vez es visible para el público, pero que determina el éxito de toda la experiencia. Es en esta dimensión, tantas veces invisible, donde se construye la diferencia entre realizar un evento y estar verdaderamente preparado para acoger acontecimientos a gran escala.

En los últimos años, Portugal se ha ido consolidando como un destino capaz de acoger eventos de dimensión internacional, acumulando experiencia en diferentes formatos, públicos y niveles de exigencia. Desde Web Summit hasta la Jornada Mundial de la Juventud, pasando por grandes conciertos, congresos, eventos corporativos y competiciones deportivas, cada iniciativa contribuye a desarrollar conocimiento, poner a prueba capacidades y reforzar la posición del país en el mapa internacional de los grandes acontecimientos. Esta evolución debe valorarse, pero también nos plantea una cuestión más amplia: ¿estamos transformando la experiencia acumulada en una verdadera capacidad estratégica para organizar los eventos del futuro?

La respuesta exige que dejemos de considerar cada evento como una operación aislada y empecemos a entender la industria como un ecosistema que necesita preparación continua, inversión y coordinación. La dimensión de un acontecimiento no se mide únicamente por el número de participantes o por la visibilidad mediática que alcanza. También se mide por la capacidad de anticipar necesidades, coordinar a los diferentes agentes implicados, responder ante situaciones imprevistas y garantizar que la experiencia de quienes participan esté a la altura de la ambición de quienes organizan. Cuanto mayor es la escala, mayor es la exigencia de integrar todas estas dimensiones.

Es en este recorrido donde el Mundial de 2030 se presenta como uno de los grandes desafíos que Portugal tendrá por delante. No solo por su dimensión deportiva y la exposición internacional que representa, sino también por la complejidad de una operación que implicará diferentes ciudades, infraestructuras, públicos, entidades y sistemas. La preparación para un evento de esta naturaleza no puede limitarse a la existencia de estadios, la capacidad hotelera o las infraestructuras de transporte. Estos son elementos fundamentales, pero el éxito dependerá igualmente de la forma en que todos estos componentes se articulen para crear una experiencia segura, fluida y memorable.

Un Mundial exige pensar en cómo miles de personas llegan a los recintos, se desplazan, entran, permanecen y salen; en cómo reciben la información; en la capacidad de responder a cambios y situaciones imprevistas; en la integración entre sistemas tecnológicos; en la seguridad; en la accesibilidad; y en la hospitalidad. Exige que cada elemento funcione individualmente, pero, sobre todo, que todos funcionen en conjunto. Es precisamente en esta capacidad de coordinación donde reside una parte determinante del valor de una operación a gran escala.

En este contexto, los venues adquieren una importancia que va mucho más allá del espacio físico. Un estadio, una arena o una fan zone son hoy plataformas complejas de experiencia, donde conviven públicos diferentes, necesidades distintas y múltiples puntos de contacto. La tecnología tendrá un papel determinante en esta transformación, desde la gestión de flujos y accesos hasta la conectividad, pasando por el uso de datos para apoyar la toma de decisiones en tiempo real y por la inteligencia artificial aplicada a la operación y a la experiencia del público. Pero no debemos caer en la tentación de creer que la tecnología, por sí sola, es la respuesta. El verdadero desafío está en conseguir integrarla con procesos bien diseñados y, sobre todo, con equipos preparados para interpretar la información y actuar rápidamente.

De hecho, esta dimensión humana será una de las variables críticas para el éxito. Los grandes eventos no se hacen únicamente con equipamientos, infraestructuras o plataformas digitales. Se hacen con personas capaces de anticipar problemas, coordinar equipos, comunicarse en situaciones de presión y tomar decisiones cuando lo que se había planificado deja de corresponderse con la realidad. La excelencia operativa no depende únicamente de lo previsto en los planes, sino también de la capacidad para responder a aquello que no fue posible anticipar. Por eso, si queremos que Portugal siga consolidándose en el circuito internacional de grandes eventos, debemos invertir en formación, especialización y creación de conocimiento en toda la cadena de valor.

Portugal parte de una posición que es el resultado de años de experiencia y de una capacidad ya demostrada para acoger acontecimientos exigentes. Contamos con profesionales, empresas y estructuras que conocen esta industria y que han ido acumulando conocimiento en contextos cada vez más diversos. El desafío ahora consiste en transformar esa experiencia en una capacidad integrada y sostenible, capaz de responder no solo a los grandes eventos que ya conocemos, sino también a las exigencias de aquellos que aún están por llegar.

Esta visión implica una mayor coordinación entre entidades públicas y privadas, venues, operadores, proveedores y equipos. También implica reconocer que los grandes eventos pueden constituir una oportunidad de desarrollo económico, innovación y cualificación profesional, dejando un legado que va más allá de los días en los que se celebran. La organización de un acontecimiento internacional debe entenderse no solo como una respuesta a una necesidad puntual, sino como una oportunidad para consolidar competencias, desarrollar soluciones y reforzar la capacidad de Portugal como destino de eventos.

El Mundial de 2030 será, en este recorrido, una oportunidad para poner a prueba esta capacidad colectiva. Pero la preparación que exige no debe comenzar ni terminar con el campeonato. Debe formar parte de una estrategia más amplia para el futuro de la industria de eventos en Portugal, basada en la planificación, el conocimiento, la profesionalización y la colaboración. Porque la verdadera ambición no debe ser únicamente conseguir organizar un gran evento, sino estar cada vez mejor preparados para acoger muchos otros, con diferentes escalas, formatos y niveles de exigencia.

La cuestión que tenemos por delante no es únicamente saber si podemos estar a la altura de los grandes acontecimientos que Portugal tendrá que acoger. Se trata de saber si estamos dispuestos a preparar hoy la capacidad que queremos tener mañana. Porque el verdadero éxito de un gran evento no reside únicamente en aquello que ve el público. Está en todo lo que se ha pensado, probado y preparado para que, durante unas horas, miles o millones de personas puedan simplemente vivir la experiencia.

Y es en esa capacidad de hacer las cosas bien, de forma coordinada y consistente, donde Portugal podrá seguir jugando a lo grande.

Autor: Rodrigo Nené, CEO de VenuesIn
Fuente: Revista Briefing